Charlotte entra con hambre y sin frenos. Lencería negra, mirada directa y la boca lista. Se lo mama como si lo necesitara. Babea, traga, gime. Luego se lo mete encima, se abre sola y se corre montada. Termina de rodillas, con una corrida espesa chorreándole la cara.
Mojada, maldita y con leche en la boca. Así debutó Charlotte.