Carly Roses se estrena frente a la cámara y no se guarda nada. Llega con ese vestido azul pegado, ajustado a cada curva, con la mirada nerviosa pero el cuerpo gritando que quiere verga . Debut caliente, 37 minutos en los que pasa de inocente a puta entregada. Los gemidos son reales, bajitos, como suspiros sucios que salen de alguien que no puede ocultar cuánto lo disfruta.